
¿Como se que al venir
no mentirán tus ojos?...
Que ni hay pan, ni agua,
y nuestra alma tiene fastidio,
de este pan tan liviano.
Y este mi corazón,
muere en cada sorbo,
de tu sangre en vino.
¿Cómo se que el camino
es bermejo, y el oro
de tu sangre sabe a olvido?
Que ni hay cebada, ni vino,
y nuestra sabia tiene martirio;
de este vino ensangrentado,
y de esta aorta de calvario.